Populations
Skip Navigation LinksNASP Home Resources School Safety & Crisis Resources Disasters (Spanish)

Desastres: Comó ayudar a los niños a afrontarlos

Disasters:  Helping Children Cope

Información para los padres

por Debby Waddell, Ph.D., Columbus, OH
y Alex Thomas, Ph.D., Universidad de Miami (OH)

Introducción

Los desastres se presentan en diferentes formas.  Algunos desastres pueden ser causados por ciertas condiciones climatológicas, como en el caso de huracanes, tornados o inundaciones; otros se producen por muertes que resultan de enfermedades o por enfermedades que amenazan la vida, como el cáncer y el SIDA; y otros, pueden sobrevenir a través de una muerte inesperada o violenta, resultado de un accidente automovilístico o de un hecho insólito o poco común, como en el caso de una bala perdida o un asesinato.

El efecto emocional de un desastre en usted o su hijo, puede ser devastador.  Una de las dificultades que experimentan muchos padres durante un desastre es que cuando aún no han tenido tiempo para rehacerse de sus propias emociones, tienen que hacerse cargo del impacto que el desastre ha producido en sus hijos.

La información siguiente, está concebida con el propósito de ayudar a usted y sus hijos durante el transcurso de un desastre.

Reacciones al desastre

Reacciones emocionales comunes:  Las reacciones emocionales varían en naturaleza e intensidad de un niño a otro.  La reacción de un niño al desastre la determinan sus experiencias previas, su temperamento y personalidad, y hasta qué punto el suceso le ha tocado de cerca.  No obstante, existen semejanzas en la manera en que los niños (y los adultos) reaccionan al desastre que ha afectado sus vidas.

  • Pérdida de control:  Dada su naturaleza, los desastres son algo que no podemos controlar, si pudiéramos, no permitiríamos que ocurriesen. La sensación que produce la pérdida de control, puede ser abrumadora. 
  • Pérdida de estabilidad: Los desastres interrumpen el orden natural de las cosas.  Cuando la estabilidad desaparece, el resultado emocional es amenazador pues puede destruir la confianza en uno mismo y afectar el equilibrio mental durante largos períodos de tiempo. Ante los efectos de un desastre, uno puede pensar: "Si es posible que esto haya ocurrido, cualquier otra cosa puede ocurrir."
  • Reacción egocéntrica:  La reacción inmediata del niño ante un desastre, frecuentemente incluye el temor a perder su propia seguridad.  Su intensa preocupación por lo que le pueda ocurrir, puede parecerle exagerada a un adulto pero, para el niño, resulta difícil anteponer las necesidades de otros a las necesidades propias.  Los niños necesitan escuchar a menudo palabras que comuniquen tranquilidad y seguridad en cuanto a su bienestar.  Además, necesitan saber lo que va a sucederles como resultado del desastre.

Etapas en las reacciones a la pérdida:  Algunas reacciones al desastre son similares a las que se tienen con otras pérdidas, o se experimentan en casos de pena o dolor intensos.  Entre estas reacciones se incluye, depresión, negación, ira, negociación y aceptación. No todas las personas experimentan las mismas emociones ni las emociones ocurren en el mismo orden.  Una persona puede sentir ira primero, luego pasar por un período de depresión y, a continuación, sentir ira de nuevo.  La forma en que se manifiestan estas emociones depende de la edad del individuo.  Un niño de corta edad puede expresar negación rehusando hablar de la situación, o haciendo payasadas cuando otros hablan del desastre; un niño de más edad tal vez se aísle en su  habitación o insista en salir a divertirse.  Un niño de corta edad puede expresar su ira a través de una pataleta y un niño de más edad puede manifestarlo a través del comportamiento desafiante hacia sus padres.

Síntomas comunes de estrés:  Una vez pasada la crisis traumática del suceso, existe la posibilidad de que tanto los niños como los adultos presenten diversos síntomas típicos de estrés, reflejo de su estado de ánimo y su sentido de pérdida.  En el niño, estos síntomas varían de acuerdo a su edad y madurez. Si los síntomas resultaran extremos o persistieran durante períodos largos, el padre o encargado debería buscar ayuda profesional a través de la escuela o a través de un proveedor de servicios de salud de su comunidad. 

De acuerdo a su edad, un niño puede presentar cualquiera de los siguientes:

  • Niños de edad preescolar:  chuparse el dedo, orinarse en la cama, apego excesivo a los padres, inquietud al dormir, falta de apetito, miedo a la oscuridad, regresión en los hábitos de ir al baño
  • Niños de escuela elemental:  irritabilidad, agresividad, apego excesivo a los padres, pesadillas, rechazo a la escuela, falta de concentración, aislamiento de actividades y amigos, conflictos frecuentes con sus hermanos
  • Adolescentes de escuela intermedia:  dificultades al dormir, pérdida de apetito, rendimiento académico pobre, síntomas físicos (dolor de cabeza, dolor de estómago), conflictos con los padres o encargados, falta de interés en los amigos
  • Adolescentes de escuela superior:  Dificultades al comer y al dormir, agitación, falta de energía, disminución en el interés por sus compañeros, síntomas físicos (dolores de cabeza y estómago), falta de concentración, irresponsabilidad y conducta reprobable o delictiva

Cómo darle apoyo al niño durante y después del desastre

No es fácil saber qué decir en momentos difíciles.  Cuando no se nos ocurre que más decir, un abrazo y una expresión afectiva como, "Esto es verdaderamente difícil para nosotros", tienen siempre un efecto positivo. 

  • Trate de identificar los sentimientos implícitos en las acciones de su niño y expréselos abiertamente con palabras. Escuchar expresiones como,  "Es horrible pensar en todas las personas que han sufrido daños y en todas las casas que ha destrozado este huracán", o  " Veo que estás triste por lo que ha sucedido",  pueden ser de gran ayuda para el niño.
  • En ocasiones, el niño puede sentirse tan agobiado por el miedo, que no puede expresar lo que siente.  Es entonces cuando usted puede articular esos temores por él.  Por ejemplo, el hecho de que un amigo haya perdido a su madre en una inundación, puede crear en el niño el temor de perder a uno de sus padres. En un caso así, puede decirle: "No tengas miedo por lo que nos pueda suceder a mí o a tu papá (mamá).  Estamos  a salvo y las aguas están bajando, así es que no vamos a morir en esta inundación".
  • Sea sincero con su niño sobre lo que ha sucedido y lo que está sucediendo.
  • No niegue la gravedad de la situación. Decirle al niño que no llore porque todo se va a arreglar, no refleja lo que el niño siente.  Además, él sabe muy bien que, por lo menos en el futuro inmediato, no será así.
  • Ayude a su niño a saber qué palabras decirle a otros. El desastre coloca al niño en una situación abrumadora por no saber qué palabras de apoyo ofrecer al amigo que pierde un familiar.  En este caso, usted puede sugerirle algunas expresiones apropiadas.
  • Planifique una actividad práctica que ayude al niño a manejar sus emociones.
  • Incluya al niño en la planificación de actividades que le puedan ayudar a recobrar el sentido de dominio propio en su vida.  Algunas actividades serían:
    • Recaudar fondos para las víctimas del desastre
    • Plantar un árbol en memoria de una muerte
    • Diseñar tarjetas y redactar mensajes especiales para personas afectadas
    • Hacer dibujos y colocarlos en el cartel de anuncios
    • Redactar un cuento o poesía sobre el desastre para incluirlo en un libro de la clase
  • Informe a los maestros del niño de cuál ha sido la reacción de éste, y pregunte qué medidas se han tomado en la sala de clases para manejar el desastre.
  • Decida cómo llevar a cabo los arreglos para que el niño asista a los funerales o servicios celebrados en memoria de aquéllos que hayan fallecido. Si es posible, acompañe a su niño a estos servicios.  Infórmele sobre la celebración y proceso del funeral, de manera que esté preparado para esa experiencia.  Es posible que aún los niños que no asistan quieran saber lo que allí ocurre. La información puede serles especialmente importante a los niños de corta edad, pues tal vez sea ésta la primera experiencia que tienen con la muerte.
  • Tenga en cuenta el cansancio que puede sentir el niño después de la tensión y falta de descanso.

Reacciones a largo plazo

Esté preparado para las reacciones normales prolongadas, como la necesidad continua de hablar sobre lo sucedido.

Esté atento a las reacciones patológicas prolongadas  que suelen ser mucho más severas que las reacciones que puedan experimentar la mayoría de los niños.  Pueden incluir:  (1) persistencia de la experiencia traumática a través de recuerdos intensos,  sueños,  alucinaciones o retrospección; (2) evitación continua de cualquier estímulo asociado a la experiencia traumática o reacciones de aturdimiento o indiferencia, como por ejemplo, falta de afecto, disminución en el interés en las actividades acostumbradas;   (3) síntomas de excitación en su comportamiento, como inquietud al dormir, irritabilidad, desvelo exagerado, falta de concentración, sobresaltos exagerados.

Haga hincapié en el retorno a la estabilidad.  Cuando haya disminuido el efecto del desastre, vuelva a sus rutinas acostumbradas. Aún cuando haya planeado hacer algún cambio, mantenga la rutina diaria durante algún tiempo, con el fin de restablecer el sentido de seguridad y bienestar.

Traducido y adaptado de A. Canter & S. Carroll, (Eds.), Helping Children at Home and School: Handouts From Your School Psychologist. (1998). Bethesda, MD: NASP, pp. 507-509.